Reflexión sobre el sueño olímpico.

Hoy es 9 de septiembre y los españoles nos despertamos de un sueño que pudo haberse convertido en pesadilla. Ayer fue día de resaca, de buscar culpables, de hacerse preguntas y de argumentar razones del por qué han eliminado a Madrid como sede para los Juegos Olímpicos del 2020. Como ya se han encargado los periodistas en sus múltiples blogs y periódicos, de todas las tendencias, de explicarlo de todas las formas posibles no voy a ser yo más papista que el Papa, así que no entraré en eso.

A mí, como españolita de a pie, me gustaría saber dónde y cómo se van a invertir esos milloncejos de euros cuyo destino fue truncado de una manera tan apabullante, vaya por dios. Me pregunto si el dinero nacional tendrá sentimientos porque, en ese caso, entrará en depresión por la situación tan humillante que ha tenido que vivir y ya se sabe que, uno, en semejantes circunstancias se pone triste, se arruga, se achica hasta considerarse muy poquita cosa y pierde valor, y eso ya sería el colmo para un país que lo está pasando tan mal, aunque nuestras “poderosas y pudientes” mentes gobernantes piensen y digan, manifiesten y aleguen que ya hay “brotes verdes” naciendo por doquier.

Ilustrísimos y excelentísimos y demás “simos” que correspondan (supongo que aquí no procede poner la @…que es cosa seria, oiga…sí, perdón, continúo) señor Presidente del Gobierno y señora alcaldesa de la ciudad de Madrid una, o sea yo, “siente muchísimo” que no pasen ustedes a la posteridad como los gobernantes que han conseguido unos Juegos Olímpicos para España, pero no estén tristes y mírenlo desde otro ángulo: señora Botella ya no tendrá usted que sudar la gota fría hablando en su “ inglés castizo” (debería patentarlo, por cierto, porque debe de ser único en el mundo…ríete tu del esperanto, comparado con su “inglis spanis” no hay color, oiga…) de su “Madruit” del alma y en cuanto a usted, míster Rajoy, uf, tanto papel que leer ante gente desconocida y tanto sonreír para otros, con lo que eso cansa. Que no, señores, que mejor se quedan ustedes en nuestra querida España que miren ustedes que tienen mucho regar para que esa “primavera” que brota cual espejismo verde y fresco por éste, nuestro país, crezca y se convierta en un hermoso huerto que de buenos frutos y del que podamos comer todos y no solo unos pocos…

A pesar de todo, sinceramente, sí tengo que decir que lo siento por todas esas personas de bien que habían puesto su ilusión en este proyecto, al margen de todas las otras consideraciones, y por los deportistas españoles en general. Me gusta el deporte, disfruté muchísimo los Juegos de Barcelona 92 y me encantaría volver a vivirlos en España, pero no en estas condiciones ni a costa de terribles sacrificios que no tienen ningún “sentido” aunque, por supuesto, Madrid, sí que lo tiene, a pesar de no ser sede olímpica.

Emma Rosa Rodríguez

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Relatos de Gonzalo Suárez

Relatos de Gonzalo Suárez

Hay libros y libros. Y no voy a referirme a los de texto ni a los científicos, técnicos o similares, sino a los que sirven para entretener o para olvidar problemas, para matar el tiempo en las estaciones mientras una espera a ese tren que te llevará de retorno a casa o para que la espera en la consulta del médico no sea tan desesperante.

Tampoco voy a hablar de un best seller, no, todo lo contrario, voy a comentar sobre un sencillo y humilde libro que estoy leyendo y cuya lectura me tiene enganchada relato a relato, y maravillada también.

Lo descubrí por casualidad en un estante de la biblioteca y fue como si me llamara, le sentí susurrar: “¡schisss, schisss, léeme…!”

Y le hice caso…, y no me arrepiento.

Porque son misterios geniales los que encierran las 340 páginas del libro del cineasta y escritor asturiano Gonzalo Suárez. Se titula Relatos, así a secas, sin aspavientos ni parafernalias, sencillamente lo bueno está dentro, entre sus hojas, en unas historias tétricas y sin embargo cómicas, entre unos personajes que parecen reales pero que viven situaciones tan estrambóticas que una no sabe si reír o llorar con sus aventuras-desventuras y con los desenlaces, que provocan una curiosidad imposible de resistir en el lector que continúa leyendo el siguiente relato con la misma intriga que el anterior y así, sucesivamente, porque lejos de repetirse y aburrir, las situaciones absurdas e hilarantes se producen una tras otra, cada una más original que la anterior.

Hay que tener mucha imaginación para montar un negocio de venta de libros a distancia, como la tiene uno de los personajes del libro, porque los destinatarios de los envíos no están vivos, sino muertos, y claro, como dice el protagonista los muertos nunca protestan ni pueden probar que ellos no han hecho semejante pedido, por supuesto sus familiares se limitan a pagar el paquete, al fin y al cabo es poca cantidad y teniendo en cuenta que debió de ser una de las últimas voluntades del difunto…

Claro que en estas historias puede suceder de todo, también puede haber un cadáver que susurre mientras está tendido en el sofá, misterio que intenta desentrañar el compañero de la mujer que murió a las ocho de la tarde, quizá es que le remuerde la conciencia porque a ella la había colocado en el diván mientras que él se había acostado en la cama, aunque como bien alega el personaje: “La había colocado en el sofá del comedor, porque era más lógico reservar la cama para los vivos, y el único vivo que quedada en la casa era yo”…

Y así podría estar contando y desvelando parte de los relatos que estoy leyendo y descubriendo en este pequeño gran libro, pero eso no tendría gracia y creo que es mejor que los descubra usted por sí mismo, porque Gonzalo Suárez los narra mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo.

Ah, se me olvidaba, la primera de las historias se titula: “¿Quiere usted rabiar conmigo?”

No me negarán que es sugerente, ¿verdad?…

Emma Rosa Rguez

Crónicas del vértigo de José Manuel Vivas

Crónicas del vértigo de José Manuel Vivas

He leído y releído el poemario de José Manuel Vivas, “Crónicas del vértigo” más de una vez y más de dos, y en cada nueva lectura he descubierto nuevas figuras, nuevos paisajes, nuevas formas de llevarme a las mismas conclusiones. Subir para caer, ascender para volver a desplomarse una y mil veces en un intento desesperado por echar a volar y, quizá, tocar un cielo, imposible e inalcanzable, porque no hay un techo material para frenar nuestro vuelo ni aleros en el aire donde poder descansar y permitir a nuestras alas recuperarse para la siguiente etapa.

En este poemario, en esta Babel moderna, el autor se desprende de palabrería inútil, sí, son poemas pero desprovistos de parafernalia, crudos y directos que van internando al lector en un mundo terrenal, terrestre, cargado de miserias humanas. Ya José Manuel, desde el principio, marca las pautas de lo que serán sus versos, con esos insectos que tienen alas, como los pájaros o los ángeles, pero se estrellan contra los cristales, quizá, por querer volar más allá de lo que les está permitido, como los propios hombres que sienten ese vacío de alas en su espalda.

En una primera lectura me llama la atención algún poema corto de amor, como si no procediera o estuviera de más y rompiera el hilo temático, pero después he sentido, y hablo desde mi percepción personal, que es necesario ese inciso y que humaniza, de alguna forma, a los seres que habitan en estas páginas, necios seres, soñando con las alturas y despreciando o destruyendo lo que está al alcance de su mano sin valorarlo siquiera.

Crónicas del vértigo, es un libro para leer y releer muy despacio, para masticar y digerir cada verso, cada metáfora, porque el lector corre el peligro de marearse y contagiarse de ese mismo vértigo o, por el contrario, leerlo de un tirón y ascender volando por sus páginas para dejarse caer en picado con el último poema.

Emma Rosa Rguez

“Tango sin memoria” de Elena Casero

Tango sin memoria de Elena Casero

He terminado de leer el libro de Elena Casero, Tango sin memoria, y me queda en la boca una sensación agridulce, creo que es, sencillamente, porque no quería terminarlo. Por eso lo he paladeado despacito, como se degusta una comida exquisita o un buen vino, dejando que sus aromas y sabores se derritan y te impregnen los sentidos con su esencia.

Un libro que nace, al menos es lo que yo percibo, desde y por las emociones porque su riquísimo lenguaje, donde la sensibilidad de la autora aflora en cada párrafo, en cada línea, te sorprende desnudando sentimientos, a veces expuestos de una manera cruda, directa y otras, en cambio, vistiéndolos de poesía y de una profunda emotividad.

Dos ambientes, dos historias y una sola protagonista que parece que tiene el don de la ubicuidad porque, Gracia, se desenvuelve tan bien en ambas que se convierte en una especie de personaje ambivalente que vive y olvida, vive y recuerda, vive y escribe, habitando en una especie de tío vivo atrapada en un tiempo que fue y que por una jugarreta del destino retorna otra vez a su memoria.

La maestría de la autora crea un personaje con tanta fuerza que se convierte en narrador y que nos hace viajar por su vida y transitar por sus emociones a su antojo, olvidando su presente para disfrutar de su pasado y viceversa, en una danza de historias paralelas donde el tiempo coquetea con los recuerdos.

Más que leer esta novela, a ratos, casi puedo decir que he bailado ese tango con la protagonista sumergiéndome en sus altibajos, su fuerza, su pasión, su ironía, su rebeldía, sus emociones y ese trasfondo de poesía que a veces se esconde, como en el propio título, que está presente en toda la lectura.

Emma Rosa Rguez

Dos libros

Dos libros
Este fin de semana me he tomado unas mini-vacaciones en lo referente a lecturas y escritura Estamos de fiesta en el pueblo y además tengo en casa una invitada muy especial, mi hermana, y en este momento ella es mi prioridad en cuanto a atención y tiempo se refiere.

He tenido la suerte de recibir de los propios autores, de regalo, dos libros muy especiales, la novela Tango sin memoria de Elena Casero y el poemario Crónicas del vértigo de José Manuel Vivas. Ambos libros, por las circunstancias anteriormente dichas, están esperando mi lectura. Si bien, empecé la novela apenas leí cuatro páginas y me dije que no, no voy a leer esta historia que ya se adivina preciosa y cargada de poesía desde el principio, a salto de mata o a ratos perdidos, ni ella se lo merece ni su autora tampoco, ni yo la disfrutaría con el mismo placer que lo haré cuando me siente relajadamente y me sumerja en sus páginas sin prisas.

Por el mismo motivo no voy a empezar el poemario hoy, aunque me “queme” en las manos y me pida a gritos un poco de atención. De momento solo me he conformado con leer la dedicatoria que, ya de por sí, es casi un poema, no es extraño viniendo de quien viene, por supuesto.

Así que esto solo es un breve adelanto de esas lecturas que me esperan en una estantería muy especial…Confío poder comentarlas en breve, mientras tanto solo las imagino.

A Elena y a José Manuel solo me queda agradecerles de corazón el detalle que han tenido conmigo y decirles que ojalá que algún día pueda hacer yo lo mismo y “pagarles con la misma moneda”.

Emma Rosa Rguez

RECITAL DE POESÍA

Recital de poesía

Creo que nunca había despedido el mes de julio de una forma tan romántica como lo hice anoche, con poemas intercalados con canciones de amor y, a ratos, bailarinas danzando suavemente y, de alguna forma, coloreando las palabras y la tenue música de fondo.

En el mismo marco del parque de La Acebera de Lugones, ya descrito en mi anterior crónica, en el mismo escenario y con el mismo cielo por testigo, disfruté de otra noche mágica. Esta vez el jazz cedió su sitio a la palabra escrita y hablada, en un recital de poesía donde los componentes del grupo: “La caravana del verso” con su espectáculo Directo de amor aquietaron los ruidos nocturnos con sus espléndidas voces inundando el aire de bellas, frágiles y hondas letras que supieron calar entre el público y emocionar a todos los que estábamos allí.

El elenco formado por: Felipe Prieto (recitador), Joaquín de la Buelga (recitador y director), Jordi Hernández (cantante y guitarra), Mar Alonso (guitarra), Sandra Risueño (coreógrafa y bailarina), el grupo Flamenco Vivo, Cristina Rudolph (cantante y recitadora) y Laína Cores (cantante) nos brindaron poemas, entre otros, de Ángel González, Benedetti, Luis Cernuda, Carmen Conde, Neruda y hasta uno, precioso y desconocido para mí, que se considera el último de Camilo José Cela titulado: Casi cien acrósticos, mezclados con canciones como Macorina, Violeta o Yolanda, en una sintonía donde la poesía, la danza y la música se dieron la mano para jugar al escondite entre las ramas de los árboles que nos rodeaban.

Y para terminar la función, la cantante Laína, nos regaló los oídos con una tonada asturiana, creo que de alguna manera, eso, nos hizo descender a la tierra, nuestra tierra, desde el mundo de las emociones adonde nos habíamos transportado inconscientemente.

Emma Rosa Rguez

Concierto de Jazz

CONCIERTO DE JAZZ

Ayer, como ya había anunciado, acudí a un concierto de jazz al aire libre dado por el grupo SEIMS SEXTET, un sexteto formado por los profesores del Seminario de Improvisación de música de Siero que este año ha cumplido una década.

La noche se alió con los elementos para convertir el espectáculo en algo mágico. La melodía y el ritmo envolvente del jazz se esparcían entre los altísimos árboles que nos rodeaban y sus notas se colaban entre las ramas que, a veces, solo parecían escuchar desde su quietud, y otras, en cambio, danzar suavemente al son que le marcaban los distintos instrumentos.

Subidos en una sencilla tarima y alumbrados únicamente por unos focos los músicos: Daniel Cano (trompeta), Eladio Díaz (saxo Tenor), Marco Martínez (guitarra), César Latorre (piano), Horacio García (contrabajo) y Takeo Takahashi (batería) brindaron todo su arte a un público entregado que supo apreciar el esfuerzo de los intérpretes recompensándolos con frecuentes aplausos.

Ellos, los protagonistas, en un entarimado de madera y nosotros, los espectadores, pisando el mejor suelo que existe, la fresca y húmeda hierba, y todos, dentro de un entorno natural incomparable, el parque de La Acebera, en Lugones, con los árboles del bosque como marco del escenario y un cielo, goteado de estrellas que asomaban curiosas entre el verde de las copas, como techo, público e intérpretes, disfrutamos de una noche mágica donde la música del jazz nos envolvió y nos hizo trasladarnos a otros mundos, aunque solo fuera por un corto espacio de tiempo.

Emma Rosa Rguez